“A los electores honrados” 1843

“A los electores honrados” 1843

 

Sean cualquiera las ideas políticas que profese el individuo, es forzoso que reconozca, si vive bajo un régimen representativo, la poderosa influencia que los cuerpos colegisladores ejercen sobre los intereses privados y públicos y la importancia consiguiente de elegir para ellos las personas más dignas. Hasta el egoísmo bien entendido dicta no mirar asunto tan trascendental con indiferencia o apatía, pues los males de que nos quejamos débense tal vez a dejarle abandonado a merced de unos pocos o de alguna pandilla. Forzoso es, pues, que en la ocasión presente, cuando se van a nombrar unas Cortes que acaso resolverán cuestiones de la mayor gravedad, todos los ciudadanos honrados se acerquen a las urnas, pero entendiéndose antes, para que sus votos y sus esfuerzos no se aislen y sean perdidos.

 

El día 12 del corriente habrá reunión en Oviedo, a la que se invita a cuantos sinceramente deseen el bien público: en ella deberá reinar la más amplia, pero decorosa y no tumultuaria libertad. Nada de dominación, nada de exclusismo, a ningún elector se rechaza, a ninguno se llama con preferencia, a todos se invita. Cada uno manifestará con franqueza su sentir, ya sea de palabra o por escrito; pero luego es preciso que asienta y cumpla con religiosa lealtad lo que acuerde la mayoría.

 

Que los escaños de las cortes no sean patrimonio de personas ni de partidos, y los ocupen sujetos recomendables por su posición social, por su saber y sus virtudes, sujetos que desempeñen su alta misión en beneficio del País y sin explotarla para sí. Personas de estas prendas son raras, es verdad, pero si con diligencia y buena fe se buscan, encontrarlas no es imposible.

 

Para que nadie tenga motivo de alejarse de la reunión, ningún lema se fija más que la observancia sincera de la ley fundamental que todos hemos jurado. La Nación, cansada de escisiones, pronunciamientos y guerras sangrientas, y agobiada por otra parte con insoportables cargas, lo que desea y le conviene, es que se alivien, que se restablezca la paz y la armonía entre sus hijos y se eviten nuevas convulsiones políticas.

 

Estos extremos bien pueden conseguirse con la Constitución de 1837, juiciosas leyes secundarias arregladas a ella y un buen sistema administrativo. Así lo dictan la sensatez y la cordura, y los que así hablan a una provincia cuerda y sensata, deben contar con que su excitación y sus palabras no serán desoídas.

 

Francisco Bernaldo de Quirós, Miguel de Veterra, Manuel Cienfuegos Ramírez, José María Bernaldo de Quirós.

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“A los electores honrados” 1843

Texto: Diario del Oriente de Asturias

 

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