El Fuero de Llanes

Su antiguo Fuero, otorgado por el Rey Alfonso X de León en 1206, fue ya conocido y utilizado por Francisco Martínez Marina en su clásico Ensayo histórico-crítico sobre la legislación y principales cuerpos legales de los reinos de León y Castilla, 1808, y más tarde, los señores Marichalar y Manrique reunieron sus disposiciones haciendo notar que este fuero es uno de los más notables del antiguo reino de León, hasta en la parte política, porque hace de los alcaldes los personajes principales del pueblo, aún sobre los jueces y merinos reales; y porque concede grandes derechos al concejo de vecinos, prohibiéndole reconozca a ningún señor, excepto al rey. Y añaden para la historia e importancia del municipio de la Edad Media debe consultarse muy atentamente.

Desgraciadamente, tampoco conservamos ningún códice medieval que contenga el Fuero llanisco. El texto más antiguo que conozco (y que reproduzco fielmente) es el inserto en la confirmación de los Reyes Católicos, fechado en Valladolid a 8 de octubre de 1.481, y actualmente en poder del Ayuntamiento de Llanes, donde fue llevado al Tribunal Eclesiástico de Oviedo en 1.824, pasando luego por varias vicisitudes hasta ser devuelto al concejo por don Fermín Canella en 1888. 

Es un códice de diez hojas en pergamino, encuadernado en piel roja, con el tÍtulo de “Fuero-de-Llanes” y las armas de la villa en la cubierta anterior. Miden las hojas 340 por 246 mm. y la caja de escritura, 220 por 162. 

Es de letra clara de últimos del siglo XV y llevan las páginas (de 46 renglones por término medio) numeración moderna, con algunos blancos y notas marginales. 

 

Su contenido

«Las normas contenidas en los fueros municipales -escribe el Sr. Hinojosa- no son en la mayoría de los casos de creación arbitraria del legislador, sino trasunto o derivación del derecho vigente en la región o territorio en que radicaba la ciudad. 

Los fueros presuponen además como derecho común visigótico, al lado del consuetudinario de la comarca (usus terrae). Muchas prescripciones del derecho municipal debieron su origen a la necesidad de regular las nuevas instituciones y relaciones que surgieron dentro de la esfera del Municipio.

La autonomía de las ciudades había engendrado instituciones originales, desconocidas del derecho político y administrativo anterior. Eran una materia nueva, que reclamaba preceptos también nuevos, y constituye el primer germen de la legislación municipal. Por esto, en los fueros más antiguos, predominan las normas del Derecho público».

Al Derecho público pertenecen, en efecto, la mayor parte de las disposiciones del Fuero de Llanes.

Son de orden penal o administrativo. Puntualizando más, sin embargo, podríamos clasificar del siguiente modo los preceptos:

  1. De Derecho político: capítulos 19, 34,41,42,43,44, 46, 47, 53, 54, 56, 59, 63, 66, 67, 68 y 69.
  2. De Derecho administrativo: capítulos 1, 26, 35, 38, 39, 50, 51, 52, 55, 57, 58, 64,70,71, y 72.
  1. C) De Derecho civil: 23, 30, 60, 61, 62 y 65.
  2. D) De Derecho penal: 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 13, 14, 16, 17, 18, 20, 21, 22, 24, 25, 31, 32, 36, 37, 45 y 49.
  3. E) De Derecho procesal: 11, 12, 15, 27, 28, 29, 33, 40 y 48
  4. F) De Derecho Canónico: 74.

 

  1. A) Preceptos Políticos

El rey es el supremo jefe del concejo. Este recibe de él el fuero como merced y queda siempre sujeto al señorío y mando del monarca, el cual puebla la tierra y le da el fuero, con consejo de sus ricos hombres.

Las autoridades y funcionarios públicos mencionados en el fuero son: los merinos, los alcaldes, los jueces, el potero y el sayón.

Los alcaldes y los jueces habían de ser de los que tuvieran casa de mayor morada en la villa de Llanes.

Por lo general, esos cargos de elección del concejo duraban un año. A los alcaldes y jueces correspondía la gobernación del concejo, y todos los vecinos estaban obligados a prestarles auxilios, y a no poner obstáculo al ejercicio de sus funciones, so pena de perder el cuerpo o el haber. Iban también a la cabeza del fonsado o expedición militar, con los jueces y el señor. El merino de la villa, representante del señor o del rey en lo relativo a la administración de justicia, solo intervenía, como dice la ley de Partida, en cosas señaladas. 

Pero el merino, lo mismo que el portero, dependía directamente del señor y no del concejo. Por eso el Fuero de Llanes, para proteger la libertad de sus vecinos, prohíbe que sean merinos ni porteros.

En cuanto al sayón, era un ejecutor de la justicia.

Deseando evitar las demasías de merinos y sayones, el Fuero de Llanes dispone que por ningún delito puedan aquellos violar el domicilio de un vecino, ni apoderarse de lo que a éste pertenezca, porque tal atribución corresponde a los alcaldes, que deben seguir los trámites del juicio en el cual serán oídos el querelloso y el fechor (presunto reo).

Si el señor de la viIIa, los merinos o los porteros cometen contrafuero o hacen daño a los vecinos, revolviéndose éstos contra los ofensores, y causando heridas o muertes, los vecinos quedarán impunes y todo el concejo pagará el daño que sobreviniere.

El vecino de Llanes no debía según el Fuero, tener otro señor que el rey. Pero la prohibición no era absoluta porque podían someterse a otro señor más próximo que los protegiese (para ayudarse), siempre que tal señor tuviese en Llanes “mayor casa”.

En compensación de la expresada fidelidad, el Rey promete a los llaniscos no separarles de su señorío y los exime de malos tributos, como el nuncio, la boda y la mañería. No les dispensa en absoluto de la fonsadera, pero señala los que por razón de dignidad (alcaldes, abanderado, escribano), o por consideración a las armas de que iban provistos (de hierro o de leño), podían excusar a otros de ir al “fonsado”.

Los capítulos 66 al 69 del Fuero se refieren a la condición de solariegos y de hombres de behetría. 

El solariego podía vender el solar pero debía hacerlo al señor, antes que a otro, por el precio que éste le ofreciera.

Las behetrías ficticias hacían fuero, es decir, estaban sujetas a todas las cargas del concejo; las demás, no.

 

  1. B) Preceptos administrativos

El rey señala los términos de la villa de Llanes.

El Fuero impone penas a los que no tuviesen pesos y medidas exactos.

La comprobación de los pesos y medidas había de hacerse ante los alcaldes, por medio de hombres buenos, con el rector y el merino.

Se concede protección y libertad de tránsito a viajeros y peregrinos. Al merino corresponde la percepción de los derechos que al rey pertenecen; pero los alcaldes han de impedir que cometa atropellos en la villa o en el alfoz, prestándole ayuda en todo otro caso.

El rey da a los llaniscos el Fuero de León (otorgado también a los de Villavicencio y Carrión), y les exime de las pruebas de “siello y calda”, y de los tributos de forno, fonsadera, portadgo, montadgo, treintadgo, peaje y castellaje.

Hay exención especial de tributos para el guardador del Fuero.

El que quiera adquirir heredades en la villa ha de poblar en ella teniendo casa en la misma. Semejantemente, nadie puede vender su heredad si primeramente no ha construido casa; y al venderla, el comprador ha de ser de los que hagan fuero en Llanes.

Muy curiosas son las exenciones de tributos que constan en los capítulos 70 y 72. No tributa ni hace fuero el huérfano soltero menor de veinte años, ni tampoco el que es tan pobre que su haber no llega a un moyo de pan o un arrançada de viña.

Se dispone, además, que en todo el concejo y alfoz de Llanes rijan unas mismas medidas de capacidad.

 

  1. C) Preceptos civiles

Para la prescripción adquisitiva de inmuebles se marca el plazo de quieta posesión de tres años, siempre que el vendedor morare en la misma villa o en el alfoz. Lo general, en nuestros fueros municipales, tocante a esta materia, era exigir la posesión de año e día (Fueros de Logroño, Sepúlveda y Cuenca, entre otros).

Que la autoridad marital y la paterna gozaban de alto concepto en la mente de los redactores del Fuero, y justamente con aquellas, la de los maestros, pruébase harto claramente con el contenido de los capítulos 60, 61 y 62. 

El maestro que mataba al discípulo por razón de aprender o de corregir, el marido que daba muerte a su mujer legítima, así como los hombres fazen; los padres que causaban la muerte de los hijos no estaban sujetos a pena alguna ni eran tenidos por homicidas.

 

  1. D) Preceptos penales

Se castigan: el homicidio; las lesiones; el uso de armas prohibidas: las pendencias; las ofensas, amenazas e insultos a los alcaldes y jueces; los escándalos, el no acudir a la señal o llamamiento de los alcaldes; el prendar sin mandado de jueces o alcaldes; los denuestos; el adulterio; el abandono del marido por la mujer o de la mujer por el marido; el rapto de doncellas; la violación; el juego de dados, y la rebelión. 

Se admite como eximente la legítima defensa (cap. 18) y se castiga, a veces (capts. 14 y 17) el encubrimiento.

La penalidad no es, en general, exagerada, sino conforme a la que se observa en otros fueros municipales, y aún más suave que en muchos de estos.

Exceptúase, y es digno de mención, el castigo del jugador, que resulta extraordinariamente severo. 

Prescribe el Fuero, en el capítulo 32, que sea destruida la casa donde hallaren que se juega a los dados; en cuanto al jugador, si es vecino, perderá todo su haber, y si no lo es, le será cortada la mano.

 

  1. E) Prescripciones procesales

Se reglamenta una de las pesquisas o inquisiciones, en el capítulo 15. Las caloñas, o penas pecuniarias en que tienen parte el concejo, los alcaldes y el merino, son renunciables por cada uno de ellos, en la parte que le toca. Admítense los recursos al fuero (de León), al Rey y al libro (Fuero Juzgo).

 

  1. F) Preceptos canónicos

Limítanse a la carta de franquicias y libertades, contenida en el capítulo 74. El mismo Alfonso IX, en 1208, en ciertas Leges que constan en el Tumbo negro de la iglesia de Astorga, confirmó y aún amplió esos privilegios para los clérigos en general: Nos insuper -dijo- qui religionem clericalem tam in capite, quam in membris, honorare volumus et tenemur…

Es el FUERO DE LLANES un documento de valor, como todos los análogos de su época, y hay en él particularidades que no podrán comprenderse bien hasta que se realice una tarea que cada día va siendo más necesaria: la de comparar entre sí todos los fueros municipales que han llegado hasta nosotros, para determinar sus familias y exponer científicamente nuestra legislación medieval, trabajo emprendido hace más de un siglo por Martínez Marina, y desgraciadamente no llevado a término todavía (entre otras razones, porque aún están sin publicar algunos importantes elementos).

La organización del municipio llanisco no se distingue de la de los demás de su tiempo, leoneses y castellanos, por ningún carácter esencial. 

La relación entre la autoridad de los alcaldes y jueces y la del merino es idéntica a la que se observa en otros fueros. Ni siquiera presenta ninguna especialidad regional, porque, como hemos visto, es el mismo Fuero de Benavente (Zamora), lugar del interior, mientras que Llanes, puerto del Cantábrico, debió ser, en su origen, comunidad de pescadores.

Probablemente, además, su texto ha llegado a nosotros con bastantes alteraciones de lenguaje.

Así y todo, es monumento venerable por su antigüedad, y contiene disposiciones originales, cuyo conjunto importa evidentemente a la Historia general de nuestro Derecho.

 

Adolfo Bonilla y San Martín.

Llanes, Septiembre 1917

El Fuero de Llanes

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