La Cuerre (Maria Luisa  Castellanos)

La Cuerre (Maria Luisa  Castellanos)

Ese es un recinto con abertura, sin puerta, de estilo netamente celta, destinado a conservar las castañas recolectadas, que no han salido aún de su cáscara verde -en bable llanisco ericiu- esperando a que sequen, la cobertura se desprenda y puedan ser llevadas a casa,

La cuerre queda sola, sin techo ni puerta, como algo de escasa importancia, y en lo que fue hogar o silo de una familia celta, queda el rastrojo de los erizos y la más absoluta soledad, hasta el año venidero en que, al aproximarse noviembre, dé Dios la nueva cosecha y se oiga a la hacendosa ama de casa, poniendo acentos de economía en su voz de mando:

-¡ Anda, Miguelín, echa las castañas en la cuerre y espárcelas p’a que sequen pronto: hay que hacer el amagüestu!

Y días más tarde, al campo, a magostar las castañas con la consiguiente algaraza después de la merienda, y las gracias un poco chocarreras de tiznarse la cara unos a otros, los graciosos obligados de todas las fiestas.

Mas todo esto se disculpa en gracia a que la excursión al campo ha de ser sencilla humorística y de mucha alegria.

En épocas pasadas solían dejarse entre las cenizas unas cuantas castañas en honor a los muertos pertenecientes a las familias de los allí reunidos y, muy especialmente, si era día de difuntos o algún otro cercano a esa fecha,

Nuestros antecesores fueron celtas ibéricos y más tarde celtíberos. Las muchachas para bailar forman el corro; la danza prima serpentea en los pueblos con canciones dedicadas al santo Patrón y en el serpenteo se metió Roma, pero las esencias celtas volvieron por sus fueros, y se cierra la Danza Prima en círculo y sigue celta en la redonda giraldilla.

El delantal de la típica llanisca y el dengue son redondos y, aunque no hayan heredado esta moda de los antepasados célticos, porque ellos eran demasiado primitivos para usar tales galas, entre nosotros quedó el espíritu de la forma.

El rueño es redondo, la roñada y el tayu también, y cuantas cosas hay que representan el pasado de nuestra estirpe, las tenemos a la mano y no comprendemos su valor.

A pesar de todo como razas fueron y razas vinieron con aires de fronda o en son de paz, ellas, a su vez, trajeron dentro de sí un caudal múltiple de otras. No debemos despreciarlos; quizá entre los seres de la raza ancestral más detestada por algunos, se halle el mejor de sus remotos abuelos.

Maria Luisa  Castellanos

La Cuerre (Maria Luisa  Castellanos)

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