CUÉ, EL CASTRO DE BALLOTA

CUÉ, EL CASTRO DE BALLOTA

Según se deduce de un documento del Registro General del Sello de Simancas, los llaniscos agradecidos al Rey Fernando El Católico por sus atenciones tras el terrible incendio de 1509, y sabedores de la afición del monarca a la cetrería, le obsequiaron en el verano de 1514 con unas crías de halcón que anidaban en el castro de la playa de Ballota.
Dicho regalo trajo problemas a los vecinos de la villa, ya que su disposición sobre los halcones del peñón de la playa corita era discutida por los hidalgos de la casa de Noriega, en Ribadedeva.
Así, dichos señores tomaron represalias, y aprovechando que por sus términos pasaba el mejor camino para que los mercaderes de Llanes se comunicaran con la meseta, les salían al paso con toda clase de amenazas
y desafíos.
Hasta tal punto llegó el enfrentamiento que incluso la reina Juana tomó cartas en el asunto, resolviendo a favor de los Llaniscos.

 

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